Un estudio, realizado por investigadores del Duke Center for Interdisciplinary Decision Science (D-CIDES) en Durham (EE.UU.), y publicado en la revista Science, analizó a través de un experimento de póquer, a los participantes mientras jugaban con otras personas o contra una máquina.
Se demostró que una pequeña zona del cerebro donde se encuentran los lóbulos temporal y parietal (TPJ) solo se activaba cuando el oponente era un ser humano. Las señales emitidas en la zona TPJ indicaban a los investigadores si el jugador tenía intención de echar algún farol a su oponente, especialmente si se creía que éste último era un experto en póquer. Sin embargo, dichas señales no predecían el comportamiento del sujeto cuando éste jugaba contra una máquina. En palabras de McKell Carter, miembro de la Universidad de Duke, los participantes prestaban menos atención a su oponente cuando se trataba de una máquina.
"Existen diferencias neurológicas importantes entre las decisiones tomadas en situaciones sociales y no sociales" explicó Scott Huettel, autor del estudio, director de D-CIDES y profesor de Psicología y neurociencia en la Universidad de Duke.
La información de tipo social puede provocar en nuestro cerebro otras reacciones distintas que cuando se toman decisiones en un contexto donde no se interactúa con otros. Estas diferencias neurológicas ayudan a los científicos a entender de qué manera nos decantamos por una u otra resolución. Además entendiendo cómo el cerebro reconoce competidores y colaboradores para un futuro conflicto podemos llegar a comprender comportamientos como la empatía.
Durante todo el experimento, otras zonas del cerebro cuya función es específicamente social no enviaron información estrictamente de ese tipo lo que indica, según Carter, la flexibilidad de nuestro cerebro.
Se demostró que una pequeña zona del cerebro donde se encuentran los lóbulos temporal y parietal (TPJ) solo se activaba cuando el oponente era un ser humano. Las señales emitidas en la zona TPJ indicaban a los investigadores si el jugador tenía intención de echar algún farol a su oponente, especialmente si se creía que éste último era un experto en póquer. Sin embargo, dichas señales no predecían el comportamiento del sujeto cuando éste jugaba contra una máquina. En palabras de McKell Carter, miembro de la Universidad de Duke, los participantes prestaban menos atención a su oponente cuando se trataba de una máquina.
"Existen diferencias neurológicas importantes entre las decisiones tomadas en situaciones sociales y no sociales" explicó Scott Huettel, autor del estudio, director de D-CIDES y profesor de Psicología y neurociencia en la Universidad de Duke.
La información de tipo social puede provocar en nuestro cerebro otras reacciones distintas que cuando se toman decisiones en un contexto donde no se interactúa con otros. Estas diferencias neurológicas ayudan a los científicos a entender de qué manera nos decantamos por una u otra resolución. Además entendiendo cómo el cerebro reconoce competidores y colaboradores para un futuro conflicto podemos llegar a comprender comportamientos como la empatía.
Durante todo el experimento, otras zonas del cerebro cuya función es específicamente social no enviaron información estrictamente de ese tipo lo que indica, según Carter, la flexibilidad de nuestro cerebro.
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